3 millones de barriles al día: ¿qué se necesitará para reactivar la «supercuenca» de Venezuela?
Análisis de la realidad del capital
A principios de 2026, el presidente de EE. UU., Donald Trump, pidió una inversión de 100 000 millones de dólares para revitalizar el sector petrolero de Venezuela. Aunque llama la atención, los modelos del sector sugieren que la necesidad real probablemente sea superior a lo largo de un ciclo completo de rehabilitación. Según Rystad Energy, restablecer la producción a 3 millones de barriles diarios podría requerir alrededor de 183 000 millones de dólares en inversión en la fase inicial y en infraestructuras entre 2026 y 2040. De esta cantidad, se necesitan unos 53 000 millones de dólares solo para mantener la producción actual, mientras que más de 65 000 millones de dólares se destinarían a la rehabilitación y modernización de infraestructuras deterioradas antes de que el crecimiento a gran escala pueda acelerarse.
Es probable que la primera fase de la recuperación venga impulsada por la rehabilitación de las instalaciones existentes. Años de falta de inversión han dejado muchos activos de producción infrautilizados, en lugar de totalmente agotados, lo que significa que intervenciones de coste relativamente bajo —como la rehabilitación de pozos, la reparación de instalaciones y la mejora del acceso a diluyentes— podrían reportar beneficios significativos. Los analistas estiman que se podrían recuperar entre 300 000 y 350 000 barriles diarios en pocos años solo con estas medidas, lo que convierte la optimización de las zonas industriales abandonadas en la vía más rápida para un crecimiento temprano de la producción.
Primero, los barriles fáciles
Más allá de los aproximadamente 1,4 millones de barriles diarios, el reto se vuelve estructuralmente más complejo. El crecimiento sostenido exigirá el desarrollo de nuevos yacimientos a gran escala —especialmente en el Cinturón del Orinoco— junto con inversiones significativas en instalaciones de procesamiento, oleoductos, terminales de exportación e infraestructuras energéticas. Rystad estima que esta fase podría requerir una inversión anual de entre 8000 y 9000 millones de dólares hasta 2040. Siguiendo esta trayectoria, la producción podría acercarse a los 2 millones de barriles diarios a principios de la década de 2030, y el retorno a los 3 millones de barriles diarios solo sería viable hacia 2040.
Aun así, estas perspectivas suponen un avance constante en las condiciones de inversión y la estabilidad operativa, ámbitos en los que Venezuela aún está recuperando la confianza. Aunque el interés internacional está volviendo gradualmente, y algunas operadoras están evaluando oportunidades de reincorporación, los inversores siguen destacando la claridad de los contratos, la coherencia normativa y la fiabilidad de las infraestructuras como factores importantes para la inversión de capital a largo plazo.
Además de la NOC
La reactivación de una supercuenca a gran escala no puede lograrse únicamente por parte de PDVSA. Requiere la participación coordinada de operadores internacionales, empresas de servicios, entidades financieras y responsables políticos para impulsar tanto la optimización de los proyectos existentes como la expansión de nuevos proyectos. En este contexto, la Venezuela Energy Week, que se celebrará del 26 al 29 de octubre de 2026, se perfila como una plataforma comercial fundamental, que reunirá a las partes interesadas para avanzar en las discusiones sobre proyectos, presentar oportunidades en el sector upstream y abordar las restricciones estructurales que siguen condicionando las decisiones de inversión. También se espera que la cumbre contribuya a traducir el renovado interés internacional en compromisos de inversión concretos a lo largo de toda la cadena de valor del sector upstream.
El camino de Venezuela hacia los 3 millones de barriles diarios es técnicamente viable, pero solo mediante un ciclo de inversión sostenido a lo largo de varias décadas. La primera oleada de barriles podría provenir de la rehabilitación y de las ganancias en eficiencia, pero la siguiente fase requiere la reconstrucción de un sistema upstream totalmente integrado. El factor decisivo será si Venezuela logrará mantener un marco estable y propicio para la inversión durante el tiempo suficiente para atraer la escala y la continuidad de capital necesarias para reconstruir una verdadera supercuenca.
